«Pero hay un momento —todo el que ha tenido la fortuna y la carga de tener amigos artistas lo conoce—, en que la persona cercana te extiende su libro, y ese gesto, que debería ser sencillo, se vuelve incómodo, porque ahí, en esas páginas que aún no has abierto, se esconde el riesgo de no encontrar nada, de tener que fingir después un entusiasmo que no sentiste, de extrapolar un interés que en realidad enmascara la decepción. Yo abrí, sin embargo, las manos y la mente al mismo tiempo, y recibí el libro. Apenas comenzadas las primeras líneas, fui cautivado: me dieron risa, tocaron esos filamentos que solo los surrealistas saben tocar, y me conectaron con lo divino.
»Pensarán, leyendo esto, que mis palabras son apestosamente alabadoras, pero me expreso con una sinceridad que no admite matices: soy un lector pedante, crítico, que desprecia la mediocridad sin piedad alguna, que disfruta haciendo pedazos la carencia de talento dondequiera que la encuentre. Soy políticamente incorrecto y mis palabras no endulzan nada. Así que lo digo a letras altas, sin la cobardía del eufemismo: Afuerismos del interior es una genialidad. Es un libro que se puede leer varias veces, que se puede citar, que se puede recordar con el corazón lleno». Adan Jodorowsky